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Studia Humanitatis - Secciones-Las Guerras del Peloponeso
Cultura griega: Las Guerras del Peloponeso  
Publicado por: admin
Publicado en: 2006/1/10
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Peloponeso, Guerra del (431‑404 a.C.), entre Esparta y Atenas. Sobre la que tuvo lugar entre Atenas y los peloponesios, del 460 al 446, conocida, a veces, como Primera Guerra del Peloponeso, ver ATENAs 2. 2.

            1. La guerra fue, en esencia, una lucha entre Atenas, estado democrático y potencia naval, que había convertido la Liga *Délica (proyec­tada para hacer frente a los persas) en un im­perio bajo su propio gobierno, y Esparta, un poder oligárquico y conservador, cuyo ejército de tierra era la fuerza militar más poderosa de la época y que capitancabajunto con Beocia la mayor parte de los estados peloponesios. La causa real del conflicto, según el historiador ateniense *Tucídides, fue el aumento de la grandeza de Atenas, que hacía temer a los es­partanos por su propia posición. Los aconte­cimientos que lo precipitaron se inician el año 433, con ocasión de una contienda surgida en­tre Corinto y su colonia Corcira (Corfú, fren­te a las costas de Epiro, en el noroeste de Gre­cia), lo que dio pie a Atenas para asegurarse a Corcira como aliado y obtener como contra­partida ventajas para su gran flota. Atenas ya se había hecho con una importante base naval en el oeste, al apoderarse en el 456 de Nau­pacto, ubicada en la entrada oeste del golfo de Corinto, y las relaciones entre Atenas y Co­rinto habían ido deteriorándose. En el año 432, Potidea, que era una colonia corintia (so­bre el istmo de la prolongación más occidental de la península calcídica, al noroeste de Gre­cia), pero miembro de la Liga Délica, se su­blevó contra Atenas, la cual envió inmediata­mente fuerzas para iniciar el asedio, mientras Corinto prestaba ayuda a su colonia. Hubo otros puntos de fricción, entre los que estaba la violación por parte de Atenas de la auto­nomía de Egina y los decretos contra Mégara, de consecuencias económicas negativas para ésta, como ostensible castigo por el cultivo de tierra sagrada. Pero, hablando rigurosamente, fueron Esparta y la Liga del Peloponeso los primeros en decidirse por la guerra, pues en el verano del 431 invadieron el Atica.

                                   2. De los dos bandos, Atenas era inferior en cuanto a tropas terrestres; los hoplitas de Es­parta y Beocia eran los mejores de Grecia y, en cualquier caso, los efectivos atenienses no llegaban a la mitad; era evidente que éstos de­bían evitar las batallas campales. El enemigo, por tanto, podía asolar el territorio ateniense; pero las defensas de la ciudad eran capaces de resistir un asalto y no tendrían que rendirse por hambre, porque aquélla estaba comuni­cada con el puerto del Pireo por medio de los *Muros Largos. En el mar, por el contrario, la superioridad de Atenas era abrumadora tan­to por el número de naves como por la pericia de las tripulaciones; por tanto, el abasteci­miento de la ciudad podía hacerse casi sin ries­go, acosando en cambio el tráfico marítimo enemigo, y además había fondos suficientes para comprar provisiones y pagar a la flota (y al ejército). Esta era la valoración que hizo *Pericles, caudillo ateniense, de la situación, y en ella fundó su estrategia. Por ello, persua­dió a los campesinos para trasladarse con sus pertenencias al interior de la ciudad o del es­pacio situado entre los Muros Largos, sacri­ficando temporalmente sus fincas.

3. En los primeros años de la guerra, co­nocida como Guerra Arquidámica por el nombre del rey espartano que llevó a cabo las incursiones en el Atica, el resultado fue in­cierto. Los peloponesios, que arrasaron Atica en el 431, la encontraron desierta y, después de un mes aproximadamente, regresaron a su país. Tal fue, como estrategia general, lo que ocurrió durante los seis años siguientes. En el 430, se declaró en Atenas una plaga devasta­dora, a causa de la cual la ciudad perdió más de la cuarta parte de la población. Pericles mu­rió como consecuencia de ella, en el 429, y su muerte privó a Atenas del único hombre que podía imponer un plan de acción coherente. De todas maneras, el año 430, Atenas obligó a capitular a Potidea, en el 429 Formión con­siguió dos victorias navales frente a Naupacto, en 42817 fue aplastada la rebelión de *Lesbos contra la Liga Délica y en el 426 *Demóste­nes (1) derrotó a los peloponesios en Arifilo­quia, al noroeste de Grecia. Pero el éxito fun­damental de Atenas consistió en la conquista de Pilos, en la costa occidental de Mesenia, e año 425,junto con la muerte o captura de 420 hoplitas espartanos en Esfacteria (isla que cas bloquea la bahía de Pilos y que adquirió fama más tarde como escenario de la batalla de Na­varino, el 1827). Esto proporcionaba a Atenas una avanzadilla permanente en territorio enemigo. Esparta renunció a las invasiones anua­les del Atica e hizo proposiciones de paz.

                                   4. *Cleón convenció a los atenienses par que rechazaran las ofertas de Esparta. Per( *Brásidas, brillante general espartano, comen zó por liber;r Mégara, que estaba en poder de los atenienses, y ganó luego para su causa va­rias ciudades de Tracia, incluyendo la impor­tante *Anflpolis. El historiador Tucídides, que era estratego y, por entonces, operaba en Tracia, acudió con una pequeña escuadra de naves, aunque demasiado tarde para salvar la ciudad. Por este fracaso, se le desterró durante veinte años. Al mismo tiempo, un intento de los atenienses de recuperar el control sobre Beocia (perdida en el 446) terminó con una derrota en Delio, el 424. En el 422, Cleón, que mandaba una expedición destinada a re­conquistar Anfipolis, fue vencido y muerto, pero Brásidas cayó también fatalmente herido, con lo que los dos principales oponentes, am­bos contrarios a la paz, desaparecieron (las 'manos de mortero para la guerra', como les llama Aristófanes en La Paz). La paz de *Ni­cias se concluyó el 421. Fue, en esencia, una victoria para Atenas, sobre todo porque con­servaba intacto el imperio, mientras que sus enemigos quedaban divididos, al negarse Co­rinto y Beocia a firmar la paz.

            5. La falta de unidad en el Peloponeso in­dujo a los atenienses, influidos por Alcibíades, a concertar una alianza con Argos (la cual no había tomado parte en la Guerra Arquidámica, por tener un tratado de neutralidad con Es­parta, que concluyó en el 421), con Elide y con Mantinea; los aliados atacaron Epidauro y avanzaron sobre Tegea, por lo que Esparta marchó contra ellos. El año 418, en Mantinca, tuvo lugar una batalla de hoplitas que acabó en una gran victoria de Esparta. Argos aban­donó la alianza ateniense y, una vez más, que­dó aislada. En el 416, Atenas atacó y destruyó la isla de Melos (ver MELIOS, DIALOGO DE LOS), que había permanecido neutral, pero fa­vorable a Esparta. Este fue el último aconte­cimiento de la precaria 'paz' de 421‑415, en palabras de Tucídides. El mismo 415, de nue­vo por influjo de Alcibíades, Atenas empren­dió la expedición a Sicilia, con la oposición de Nicias. Estaba proyectada para contener el creciente poder de *Siracusa, asentarse en Si­cilia y lograr el completo control del mar. Mientras se preparaba la expedición, los ate­nienses quedaron consternados al descubrir una mañana que casi todos los *hermes de la ciudad habían sido mutilados. El sacrilegio se consideró de mal agüero para la expedición que se iba a emprender y hubo sospechas so­bre la complicidad en él de Alcibíades. No obstante, la expedición se hizo a la mar bajo el mando de Nicias (a pesar de su oposición), de Alcibíades y de *Lámaco. Poco después, Alcibíades fue reclamado para responder a la acusación, presentada por sus enemigos po­líticos, de profanar los misterios (eleusinos) (ver misTERios), pero huyó a Esparta, donde además colaboró con los espartanos mediante oportunos consejos, como el de fortificar *Decelia (al norte de Atica), lo que hicieron en el 413. Mientras, en Sicilia, Lámaco había muerto y Nicias había quedado al mando solo. La llegada de Gilipo, enérgico general espar­tano, a Siracusa, alarmó a Atenas hasta el punto de enviar una fuerza de socorro con Demós­tenes, pero la expedición finalizó con la de­rrota de la flota y del ejército ateniense, al tiempo que se agotaban los recursos financie­ros.

6. Después de esto, Atenas comenzó a re­construir la flota, aunque carecía ya de tripu­laciones bien preparadas. Sus aliados en el Egeo, por instigación de la isla de Quíos, em­pezaron a sublevarse (412). Sin embargo, Ate­nas consiguió armar una nueva flota y la gue­rra prosiguió otros ocho años, debido a la in­capacidad de los generales espartanos y a la asombrosa elasticidad de los atenienses, es­pecialmente con el liderazgo de Alcibíades, que desempeño (en ambos bandos) un papel de gran importancia a lo largo de la guerra. Durante este intervalo, la ocupación de De­celia por Esparta causó grave perjuicio a Ate­nas. Esparta, por su lado, obtuvo ayuda de Per­sia (dinero para una flota, por ejemplo) a cam­bio de avenirse a la entrega de las ciudades griegas del Asia Menor a Persia. El nordeste del Egeo se convirtió en el teatro principal de la guerra, pues los espartanos esperaban privar a Atenas de la fuente de aprovisionamiento más importante. Las victorias navales de Ci­nosema (411) y Cícico (410), conseguidas por los atenienses, evitaron por un tiempo que Es­parta alcanzara sus propósitos.

En este período, se produjo en Atenas una contienda civil: la revolución oligárquica de los Cuatrocientos el año 411 (véase ATE­NAs 2.3) fue un movimiento serio, pero de corta duración, que desapareció seis meses antes de Cícico. Las victorias navales restable­cieron la moral ateniense y, según Diodoro, indujeron a los espartanos a pedir la paz. Sin embargo, en el 407, *Ciro el joven fue nom­brado sátrapa persa de Asia Menor y, por su amistad con el regente espartano *Lisandro, se dispuso a prestar a los espartanos todo el apoyo necesario. La flota ateniense sufrió un desastre en Notio, y Alcibíades, al que habían elegido estratego con plena responsabilidad para la guerra, marchó al exilio. Aun así, al año siguiente, el 406, cuando Lisandro ya no es­taba al mando de los espartanos, los atenienses obtuvieron una victoria más en las *Arginusas (esta batalla se recordó mucho tiempo, debido al juicio que siguió y a la ¡legal ejecución de los generales atenienses victoriosos, por haber dejado de rescatar a los supervivientes). El 405, la última de las flotas atenienses fue sor­prendida y destruida en Egospótamos, en el Helesponto. Se puso sitio a la ciudad de Ate­nas, que, después de un duro asedio, sin bar­cos, sin dinero, y sin aliados, en abril del 404, tuvo que aceptar las condiciones de Esparta y convertirse, virtualmente, en un aliado so­metido al vencedor.

La autoridad fundamental sobre la Guerra del Peloponeso hasta el 411 es Tucidídes; del 411 al final, Jeriofonte, en las *Helénicas. Ver también DIODORO SICULO.

(HOWATSON, Diccionario de Literatura Clásica, ed. Alianza)

 
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