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Studia Humanitatis - Secciones-Oráculos y misterios
Cultura griega: Oráculos y misterios  
Publicado por: admin
Publicado en: 2006/2/13
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Oráculos. Un oráculo (gr. manteion, cheste­rion; lat. oraculum) era una respuesta dada por un dios a una pregunta formulada por un de­voto suyo; normalmente tomaba la forma de una orden, predicción o declaración de hecho. Un oráculo podía significar también el propio santuario donde se daban las respuestas. En cada uno de los numerosos santuarios profé­ticos del mundo antiguo la divinidad era con­sultada de forma diferente. Los más famosos eran el de Zeus en Dodona (Epiro) y el de Apolo en Delfos. El primero data de tiempos muy remotos y se menciona en la fliada y la Odisea de Homero; en él los oráculos parece ser que procedían, en cierto modo, de un ro­ble sagrado, quizá por el susurro de sus hojas (leyendas tardías dicen que por el sonido de una fuente sagrada o de una campana de bron­ce), y los interpretaban sacerdotes conocidos como Sello¡, 'de pie, sin lavar y que dormían en el suelo'. Zeus tenía otro santuario profé­tico en Olimpia (ver jAmo). En Delfos una sacerdotisa, la Pitia, sentada en un trípode y bajo la inspiración de Apolo, respondía a las preguntas formuladas por el adorador (ver DELFICO, oRAcuLo). Apolo tenía muchos oráculos de tipo similar en Grecia y Asia Me­nor. El dios sanador *Asciepio tenía un san­tuario en Epidauro , particularmente famoso por las visiones curativas que sobrevenían al enfermo por medio de la *incubación. Se creía que el oráculo del héroe *Anfiarao en Oropo tenía propiedades curativas similares. Uno de los más famosos oráculos de un héroe fue el de *Trofonio en una cueva en Lebadea (Beo­cia). Entre los oráculos extranjeros el de Zeus *Amón en Siwali, en el desierto de Egipto, consultado por Alejandro Magno, tenía un gran prestigio entre los griegos. Se conocen muchas respuestas a consultas de oráculos, y la mayoría de ellas ordenan al que las for­mulaba realizar algún acto religioso, por ejem­plo un sacrificio a un dios particular. Parece probable que no sean realmente auténticas las famosas respuestas dadas según las tradición con motivo de importantes acontecimientos históricos. A partir de finales del siglo vi a.C. (ver ONOMACRITO) se elaboraron colecciones de oráculos que eran vendidas de puerta en puerta.

En Italia no hubo oráculos comparables en importancia a los de Grecia. Durante la re­pública romana los oráculos, aparte de los Li­bros Sibilinos (ver SIBiLA) no fueron consul­tados por el estado. De todas formas, durante el imperio, y con el aumento del culto a dioses griegos y orientales, se prestó mayor atención a las predicciones oraculares. Como en Gre­cia, la colección de oráculos en Roma debe de haber empezado bastante pronto. En 213 a.C., en el momento crítico de la Segunda Guerra Púnica, el senado hizo que el pretor Acilio confiscase y destruyese varias colecciones en circulación. Con semejante propósito de dis­minuir el pánico el emperador Augusto hizo quemar dos mil libros de profecías. El oráculo más importante en Italia era el de Cumas, en el que la cueva de la sibila estaba situada debajo del tem lo de Apolo. En Preneste había un antiguo y famoso templo de Fortuna (ver FOR­TUNA), donde se daban oráculos conocidos como sortes, 'suertes': unas tablillas, en cada una de las cuales estaba escrito un oráculo dis­tinto, eran barajadas por un niño, que extraía una y se la daba al que preguntaba. *Fauno era considerado un dios profético, como lo era la ninfa Carmentis (madre de Evandro); Virgilio se refiere a ambos. En el templo de Fauno en Tibur se practicaba la incubación; se mataba una oveja y el que buscaba una respuesta dor­mía envuelto en su piel. El uso de oráculos como ayuda antes de tomar una decisión llegó a ser más usual en el siglo n d.C., con la po­pularización de las sortes Virgilianae (ver viR­GILIO), una práctica que surgió según dicen con el emperador Adriano, consistente en que el interesado abría las obras de Virgilio y es­cogía una línea al azar como guía para el fu­turo. Había copias de la Encida depositadas con este objeto en los templos. Ver también ADIVINACION y AUGURIOS.

Misterios, religiones mistéricas. Había for­mas secretas de culto, en contraste con las prácticas religiosas de naturaleza pública de Grecia y Roma, que eran conocidas sólo por individuos a los que se les había iniciado de una manera especial (gr. myein, iniciar; mystes, un iniciado; mystería, los misterios; lat. initia). Su elemento común parece ser la garantía de que el iniciado alcanzará una existencia feliz en otro mundo después de la muerte; pero si la oportunidad de la iniciación no se aprove­cha en esta vida, no se podrá obtener en la siguiente. La iniciación consistía en la reve­lación de secretos; con frecuencia estaba abier­ta a toda clase de personas, incluyendo mu­jeres y extranjeros. Se sabe que existieron mu­chos cultos mistéricos en Grecia, pero sus de­talles, por lo general, permanecen ocultos. En contraposición, los misterios mejor conoci­dos, los de *Deméter y Perséfone de *Eleusis (a unos 20 km. de Atenas) están documenta­dos más extensamente que el resto de los cul­tos griegos a través de sus mil años de historia, desde los primeros testimonios de los Him­nos Homéricos sobre Deméter hasta la su­presión del culto durante el mandato del em­perador romano Teodosio en el 393 d.C. Tres años después, el santuario de Eleusis, que se hallaba en un lugar sagrado desde tiempos mi­cénicos, fue destruido por Alarico y los visi­godos. Desde sus orígenes históricos hasta su destrucción, la administración de los miste­rios estuvo en manos de dos familias eupátri­das de Atenas, los *Eumólpidas y los Cérices, proporcionando los primeros de ellos los sa­cerdotes de la iniciación. Muchos de los ate­nienses, aunque no todos, parecen haber sido iniciados.

Los misterios eleusinos se celebraban en el mes de Boedromión (septiembre‑octubre), durante la estación de la siembra. El sacerdote abría el festival declarando que se deberían mantener alejados 'los que no tuvieran puras sus manos y hablaran una lengua incompren­sible', es decir, los asesinos y los *bárbaros.

Los participantes, tras haberse reunido en Ate­nas, se bañaban en el mar para la purificación, y cada uno sacrificaba un lechón. Después de la ceremonia de iniciación de los neófitos que tenía lugar en el *Eleusinio, sobre el ágora, los objetos sagrados y secretos, que habían traído días antes *efebos desde Eleusis a Atenas y de­positado en el Eleusinio, se llevaban en una gran procesión de iniciados a través del *Ca­mino sagrado. El ritual volvía a representar en parte el mito de Deméter y Perséfone (o podía darse el caso de que el mito explicase el ritual). Así, en los días siguientes a los sacrificios, los iniciados permanecían en casa ayunando, como Deméter ayunó cuando estuvo lamen­tándose por la pérdida de Perséfone. Al igual que Deméter, los iniciados rompían su ayuno con una bebida especial, el kykeon, consistente en agua de cebada a la que añadían poleo. Du­rante la procesión, en algún lugar de la ruta a Eleusis, se gritaban obscenidades, a imitación de las bromas ofensivas de una mujer, Yambe (un nombre unido al metro yámbico, en el que se escribían los poemas para invectivas; ver METRICA, GmEGA 5.1), quien, de acuerdo con el mito, hizo reir a Deméter. El grito rít­mico de Iakch' o Iakche ver «Aco) se lanzaba también regularmente durante la procesión; muchos consideraban que estaba dirigido al dios Dioniso. En el telesterio ('sala de inicia­ción') de Eleusis, construido con una capaci­dad para varios cientos de personas, el sacer­dote iniciador mostraba los objetos sagrados al iniciado. Los detalles no se conocen: parece que después de pasar el vestíbulo permanecían a oscuras durante unos instantes, tras los que surgía repentinamente una luz brillante, se anunciaba el nacimiento de un niño divino (de identidad desconocida) y la tristeza daba paso a una algarabía general. Deméter y Core ('hiJa', es decir, Perséfone), laco‑Dioniso, Pluto, y Triptólemo, el mítico héroe de la agricultura, tenían todos su papel. Los miste­rios eleusinos buscaban la pérdida del temor a la muerte para garantizar una vida feliz en el más allá.

Los misterios báquicos, los orgia, asociados con *Baco (Dioniso) se remontan muy lejos en la antigüedad en Grecia, aunque los testi­monios directos sólo aparecen en períodos posteriores. No parecen estar asociados con lugares de culto especiales, sino que se cele­braban en cualquier sitio donde se pudiese encontrar un prosélito, entre los cuales, aun­que no siempre, podía haber mujeres (He­ródoto nos transmite la historia de un rey es­cita que fue iniciado, y Eurípides en las Ba­cantes hace tomar parte en los ritos al anciano rey Cadmo y al adivino Tiresias). Parece que la meta de los misterios báquicos eran la li­beración y la rendición al delirio báquico para conseguir una sensación de libertad y bienes­tar, pero los iniciados también recibían pro­mesas sobre una vida futura. Otros misterios se asociaban al nombre de *Orfeo, que en el Fedro de Platón están presididos por Dioniso, y que aparentemente representaban las tradi­ciones procedentes de Orfeo. Sus propósitos también eran la liberación de la culpa y la es­peranza de una vida futura para quienes prac­ticasen los ritos, y se basaban en el mito de *Dioniso Zagreo. (Ver también RELIGIÓN ROMANA 3)

 

Extarcto de HOWATSON, Diccionario de Cultura Clásica, ed. Ariel

 

 
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